Archivo para la etiqueta ‘Literatura

La devoción del sospechoso X, de Keigo Higashino   Leave a comment

En el Tokio actual, en un ambiente frío y melancólico, Yasuko Hanaoka intenta rehacer su existencia y la de su hija tras separarse del tremendo marido que no hacía otra cosa que aprovecharse de ella. Sin embargo, el hombre consigue localizarla cuando sus días volvían a tener sentido y, en su enfrentamiento,Hanaoka sólo encuentra una solución: matarlo, un acto instintivo que podría arruinar la vida de ambas mujeres. Así, y cuando todo parece perdido, su vecino, el señor Ishigami, se ofrecerá a ayudarlas. Con todo, las sospechas de la policía sobre la joven y la aparición de Yukawa, viejo amigo de Ishigami, dificultarán el éxito del plan.

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El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartín   Leave a comment

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Publicado 29 junio 2013 por Enrique Alabau Dotor en Leídos, Narrativa

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Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez   Leave a comment

Un capitán del ejército de Franco que, el mismo día de la Victoria, renuncia a ganar la guerra; un niño poeta que huye asustado con su compañera niña embarazada y vive una historia vertiginosa de madurez y muerte en el breve plazo de unos meses; un preso en la cárcel de Porlier que se niega a vivir en la impostura para que el verdugo pueda ser calificado de verdugo; los girasoles ciegospor último, un diácono rijoso que enmascara su lascivia tras el fascismo apostólico que reclama la sangre purificadora del vencido. Son historias de los tiempos del silencio, cuando daba miedo que alguien supiera que sabías. Cuatro historias, sutilmente engarzadas entre sí, contadas desde el mismo lenguaje pero con los estilos propios de narradores distintos que van perfilando la verdadera protagonista de esta narración: la derrota.

Premio Nacional de Literatura 2005, Premio de la Crítica 2005, Premio Setenil 2004.

La bibliotecaria de Auschwitz, de Antonio G. Iturbe   Leave a comment

La bibliotecaria de AuschwitzEsta novela está inspirada en la historia real de Dita Dorachova, una niña checa de 14 años que es llevada junto a su familia al campo de concentración de Auschwitz y que se convierte, gracias a su empeño y valentía, en la celosa guardiana de los únicos libros que existían en el infierno nazi.

Nunca se contemplan todos los ángulos de lo que pasó en Auschwitz, ni somos capaces de entender los motivos que llevaron a un gobierno a cometer esos crímenes contra la humanidad sobre los que eran sus ciudadanos. “La bibliotecaria de Auschwitz” nos ofrece otro punto de vista de un periodo de nuestra historia que ojalá nunca hubiera existido, o al menos, no se hubiera desarrollado como se desarrolló.

Esta es una novela basada en hechos reales, la conmovodera y terrible historia de Dita Kraus, una mujer a la que muchos consideran una heroína de la cultura, y que en la actualidad cuenta con 82 años.

En el pabellón 31 hay un rayo de esperanza. Es el barracón de los niños, lugar donde los confinan durante el día mientras sus padres trabajan en el campo de concentración. Lo que debería ser un lugar de mero entretenimiento, es, a escondidas, una pequeña escuela que gira alrededor de ocho pequeñas joyas, ocho libros que escondidos entre los tablones del barracón constituían una pequeña y clandestina biblioteca que alimentó la esperanza de cuantos tuvieron acceso a ella.

En un lugar como Auschwitz, el cual no se puede ser considerado otra cosa que un infierno donde la vida no valía nada, los libros eran objetos preciosos cuya tenencia se pagaba con la vida. Dita administró la minúscula biblioteca poniendo su alma en ello y así se nos narra a lo largo de las páginas que componen esta novela.

Una historia bien contada, que desde el primer instante te traslada a ese pabellón tan diferente como especial, y que constituye un homenaje a la literatura y su influencia en el propio ser humano. Ninguna novela que nos sitúe en un escenario como Auschwitz podrá evitar ser clasificada de dura y triste, pero historias como la que hoy os traemos, emocionan y nos hacen valorar aún más la liberad.

Una pluma excelente, un estilo ágil que transmite con facilidad los sentimientos de sus protagonistas, y un buen trabajo de documentación, dan como resultado una novela muy recomendable de leer.

Publicado 12 febrero 2013 por Enrique Alabau Dotor en Leídos, Narrativa

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El Sol de Argel, de Esther Ginés   Leave a comment

Matías tiene treinta años y una vida prometedora, pero decide suicidarse. Martín, su gemelo idéntico, desconoce qué lo condujo a actuar de esa manera. Desorientado e incapaz de pasar página, emprende una acelerada investigación que cambiará su forma de entender la estrecha relación que los unía. Convertido casi en un detective, se sumerge en los últimos meses de vida de su hermano para encontrarse con un Matías desconocido. ¿Con quién se citaba en un antiguo edificio medio derruido en el centr0 de Madrid¿? ¿Quién es M., esa misteriosa persona de la que él nunca oyó hablar y que alteró la existencia de Matías?

el sol de argel

El sol de Argel es una novela de identidades, de cómo no somos quienes creemos o decimos ser. Una historia de búsquedas, de encuentros y desencuentros. Un viaje que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos emprendido.

Una vida prometedora que de repente acaba en suicidio, la búsqueda de una razón, de una causa que pueda explicar por qué Matías puso fin a su vida. Martín, su hermano gemelo, emprende una vertiginosa investigación que le conducirá por caminos insospechados, descubriendo facetas de su hermano que hasta ese instante desconocía, y añadiendo a cada paso más interrogantes.

Una novela que aborda el complejo tema de la identidad, y lo hace con el ejemplo más claro y a la vez más difícil: el de los gemelos idénticos. ¿Quiénes somos realmente? ¿Nos comportamos igual ante unas personas que ante otras? ¿Qué es lo que nos hace únicos? Estamos ante una reivindicación a la individualidad de cada persona, pues está comprobado que ante la misma situación no todos actuamos igual, y aunque lo hiciéramos, es probable que el resultado de nuestras acciones no fuera el mismo.

La trama se desarrolla en Madrid, una ciudad en la que es fácil perderse, manteniendo el anonimato. Un lugar destacado en esta novela lo ocupa el Antiguo Instituto Homeopático de Madrid, al que podemos considerar como el corazón de la novela, y al que podremos reconocer gracias a las elaboradas y cuidadas descripciones que nos invitan a entrar en su patio y observar anonadados el edificio.

de ellos se encuentran envueltos a lo largo de la novela por un halo de misterio que dan fuerza a ese carácter de thriller psicológico que rodea a “El sol de Argel“.

Con una prosa cuidada y directa, en el que maneja a la perfección las emociones, Esther Ginés ha conseguido dotar al narrador de voz propia, de tal manera que parece que tenemos al propio Martín delante y le estamos acompañando en ese duro proceso de dolor y búsqueda de identidad. Y además consigue que a lo largo de toda la narración esté Matías presente a través de la investigación de su hermano, lo cual es absolutamente brillante.

En conclusión, El sol de Argel es una novela perfecta para todos los amantes de la intriga psicológica, capaz de mantener la tensión y la atención del lector desde las primeras páginas mientras le obliga a devorarlo para obtener las deseadas respuestas.

Publicado 12 febrero 2013 por Enrique Alabau Dotor en Leídos, Narrativa

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La otra cara de la verdad, de Dona Leon   Leave a comment

Cuando el comisario Brunetti conoce a Franca Marinello, esposa de un hombre de negocios veneciano, descubre que está lejos de ser la rubia superficial que el vestuario caro y el notorio lifting facial hacían prever. Su evidente operación estética pasa a un segundo plano cuando en su conversación alude a Cicerón y Virgilio. Varios días más tarde, Filippo Guarino, jefe local de los carabinieri, acude a Brunetti para investigar la muerte del dueño de una compañía de camiones, presuntamente relacionada con el transporte ilegal de residuos y la llamada ecomafia. Las pesquisas del comisario demuestran que la deslumbrante Franca Marinello ha estado en contacto con el principal sospechoso, un hombre siniestro con un violento pasado. Pero la verdad siempre tiene un lado oculto

Publicado 12 julio 2012 por Enrique Alabau Dotor en Leídos

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La Hija del Este, de Clara Usón   1 comment

Una de las virtudes más inquietantes de Clara Usón (Barcelona, 1961) como escritora es la pasmosa naturalidad con la que se cuela -y, claro, con el consiguiente arrastre del lector- en la cabeza de sus personajes. “Es que para eso escribo, para ver otras vidas, quizá para huir de mí, por eso me interesan autores ventrílocuos como Tolstoi, Chéjov y Vargas Llosa”, cita casi con vehemencia. Esa virtud, notoria ya en novelas anteriores como Corazón de napalm (premio Biblioteca Breve, 2009), es impagable cuando el personaje escogido es real y del calibre de Ana Mladic, hija y razón de vivir del general Ratko Mladic, uno de los criminales más sanguinarios de la guerra de los Balcanes: ordenó ejecutar a 8.000 bosnios tras el cerco de Srebenica. En 2006, Usón leyó que Ana, apenas 23 años, brillante estudiante de medicina y nacionalista a ultranza, se había suicidado con la pistola favorita de su padre, reservada para cuando naciera su nieto. Quizá fue un sacrificio, un acto heroico o una simple forma de autodestrucción. Con algo, pues, que ya nunca se sabrá ha construido Usón su sexta novela, La hija del Este (Seix Barral).

“Una chica enamorada de su padre descubre que es un monstruo; si tu referencia moral es un fraude, ¿qué haces?; por ejemplo, ¿me mato para que no mates tú más? Ana es víctima de la peor traición posible, ¿cómo poder seguir viviendo con esto?”, balacea como una ametralladora Usón al definir a su personaje, infestado de esa culpa heredada que tan a menudo arrastran sus criaturas. Un relato de Tolstoi, Después del baile, que un personaje cuenta a otro, funciona como metáfora del libro: un hombre se enamora en una noche de baile perdidamente de una joven que le corresponde: el amor perfecto; al día siguiente, el joven ve cómo el padre de la chica, alto militar, aplica un durísimo castigo a un soldado; por ello, decide no volver a verla nunca más. La hija paga por el padre. ¿Justo? “Los hijos no son los culpables de lo que hacen sus padres pero a menudo se lo reprochamos; en cualquier caso es aquello de los versos de Philip Larkin: ‘Te joden la vida papá y mamá/ tal vez sin intención/ pero lo hacen’. Sí, es uno de mis temas: de la familia sale todo, incluida la culpa, propia o ajena…”.

Siente un punto de debilidad Usón por su protagonista, que tras oír de amigos los horrores que protagoniza su padre empieza a turbarse: “Hace falta valor para dejar entrar la duda en la vida de uno, para desmontar las certezas que te sostienen; eso es siempre sano, a pesar del peligro de que sea paralizante”. Ana Mladic, víctima de ese refrán de su país que reza: “Cuanto más sepas, más sufres”, iba a ser presentada de manera más inocente por la escritora, pero cuando esta averiguó que en un picnic familiar acabó con su padre compartiendo disparos con fuego de mortero contra los bosnios, “me hizo reconsiderar bastante al personaje”. El episodio es una pequeña perla de la miríada de informaciones que aporta el libro sobre la tragedia balcánica, en el que invirtió tres años de investigación, hasta el extremo de hacerse traducir dos biografías del serbio y entrevistar a un buen número de croatas, bosnios y serbios. Buena parte de esa documentación vertida en la novela la tiñe también con una pátina de crónica, con fotos y reproducción de informes, así como una galería de monstruos (Milosevic, Karadzic…) perfilados por una de las voces ficticias más críticas y distantes de la obra; una mezcolanza, en definitiva, que evoca a Soldados de Salamina. “Hay menos ficción en la obra de Javier Cercas que en la mía”, apunta Usón, consciente de que estrena formato en su trayectoria. “Es quizá una de las guerras más filmadas de los últimos años; por eso una estructura de novela decimonónica no servía; el narrador omnisciente no tiene ya la verdad; esa inocencia está perdida”, ejemplifica. Y más al hablar del conflicto de la antigua Yugoslavia…

“Se empieza entonando canciones folclóricas y se termina empuñando un Kalasnikov”, cita otro personaje, una muestra de la carga extremadamente crítica que Usón arroja a lo largo de toda la novela sobre los nacionalismos. “Debo tener una deficiencia o una fobia heredada sobre esos temas… He nacido aquí por accidente; no sé, ¿cuánto tiene el nacionalismo español? ¿500 años?; ¿cuántas naciones de antaño ya no existen? Soy incapaz de morir por la patria”, zanja un tema que la incomoda en tanto ya se le ha reprochado que solo refleje las atrocidades de los serbios y no las de los albanokosovares o croatas. “La obra está articulada desde una chica serbia y amante de su país; requería ese contexto… Pero estas críticas tienen más que ver con los nacionalismos de aquí; sé que será una obra que levantará ampollas”, asume. Y avanza: “es un problema que volverá en breve con mucha fuerza ante la posible pérdida de poder de los estados-nación en favor de un auténtico poder central europeo que pueda hacer frente al tema financiero”.

Como en casi todas las novelas de Clara Usón, subyace en La hija del Este una miríada de temas, desde el papel de los intelectuales —abundantes entre los carniceros que comandaban tropas o gobiernos en las distintas facciones de la antigua Yugoslavia (“son los mayores manipuladores, por eso Platón no dejaba entrar a los poetas en la República”)— a la patética inacción de las autoridades europeas, como ya ocurriera ante la Guerra Civil Española y el ascenso del nazismo. “La manipulación política, que aquí abordo, es brutal: cuando quieren, en cuatro días te convencen de que hay que invadir Irak, ahora quizá será Irán, y cuando no, la excusa: el miedo al miedo de que la intervención sea peor”. Es el espanto, esa arma con la que se promueven odios y guerras, como también recoge el libro, donde un dirigente serbio adoctrina: “Hay que meterle miedo a la gente, inoculárselo”. ¿Como hoy? “Nos tienen en el pánico absoluto por la crisis económica mientras cada vez crece la certeza de que los que nos gobiernan no controlan el mercado; es el momento de los populistas, como ocurrió ahora hará 20 años este abril en Yugoslavia tras caer el comunismo. Tuvimos suerte de no contar con un Milosevic o un Tudjman durante nuestra Transición, si no hubiera sido un infierno… El populismo azuza la xenofobia y el nacionalismo y creen que pueden controlarlo, pero al final no es así; cuando Milosevic quiso frenar lo de Bosnia, no pudo; sí: nos tienen paralizados de miedo pero luego será peor porque tras perder el miedo al miedo viene la desesperación”.

Publicado 8 julio 2012 por Enrique Alabau Dotor en Narrativa

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